HISTORIA

Historia

Ermita San Antonio – Patronato Pablo VI – Colegio San Antonio

Nuestra historia nace por el año 1600, donde una “pequeña capilla” dedicada a San Antonio y situada en el “Arrabal”, en aquel entonces “Camí de Xátiva” (actual Camí Reial), tuvo que ser ampliada a “ermita” para atender la devoción al Santo, tanto de los agricultores que vivían en Catarroja como los de los pueblos del alrededor.

Ya en el s. XX, concretamente el 4 de Octubre de 1951, viene a Catarroja D. Joaquín Escrivá Peiró, para realizar una sustitución de coadjutor.

Catarroja crecía hacia el Arrabal, el Charco, y la ermita resultaba insuficiente.

La sintonía entre D. Joaquín y la Diócesis (había que remodelar las parroquias para adecuarlas a las necesidades de los fieles…), provocó su nombramiento como párroco, quedando erigida la Parroquia de San Antonio en 1954, tomando posesión como cura de la Parroquia el 18 de febrero del mismo año. Fue a partir de esta fecha cuando se inicia el cambio.

La Diócesis remodelada, creía oportuno la creación de nuevas parroquias en los pueblos grandes.

Joaquín, hombre inquieto y emprendedor, iba madurando su proyecto que, con el solar de la Ermita más los dos solares cedidos por el Ayuntamiento, se hacía más real. Se creó una gran junta de gente ilusionada que representaban el proyecto de un Templo, un gran salón, gimnasio, 4 viviendas y 16 aulas. De la pequeña Ermita nacía el Patronato Interparroquial Pablo VI.

Con el lema de “LA OBRA DE TODOS Y PARA TODOS” quedó finalizada la obra, se inició con los párvulos, siguió la primera etapa de la EGB y la segunda. Posteriormente surgieron las Escuelas de Formación Profesional y se fundó el Colegio de F.P. 1 San José Artesano, ramas administrativas y de electricidad.

Y así en el año 1970, con la contrucción del Patronato Interparroquial Pablo VI y el Colegio San Antonio de Padua, se atendió la necesidad de plazas escolares de un barrio de Catarroja, El Arrabal, para personas en situación social más defavorecida de la zona. Con el paso del tiempo, nuestro Centro se quedó pequeño para atender tanta demanda de alumnado y se procedió a la construcción de San Antonio de Padua II, situado en la calle que actualmente lleva el nombre de nuestro fundador, Joaquín Escrivá.